domingo, 11 de octubre de 2026

El último Late Night: de qué trata y cómo recrea la televisión de 1977

Un conductor necesita recuperar a su público. Una emisión especial de Halloween parece la oportunidad perfecta, hasta que el espectáculo empieza a superar aquello que sus responsables pueden controlar. Esa es la puerta de entrada a El último Late Night, conocida por su título original Late Night with the Devil: una película de terror escrita y dirigida por los hermanos australianos Colin y Cameron Cairnes.

Su escenario es un programa nocturno ficticio de 1977, Night Owls. El interés de la propuesta está en trasladar el miedo al lugar donde normalmente se fabrican la confianza, las bromas y la conversación ligera. Esta guía reúne la premisa, el elenco principal y detalles de producción explicados por sus creadores, sin revelar el desenlace.

David Dastmalchian hablando ante un micrófono en WonderCon 2023
David Dastmalchian en WonderCon, Anaheim, el 24 de marzo de 2023, durante un panel de Batman: The Doom That Came to Gotham. Foto: Gage Skidmore, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons. Original sin modificaciones.

De qué trata El último Late Night

David Dastmalchian interpreta a Jack Delroy, el presentador que intenta mejorar la audiencia de Night Owls mediante una noche dedicada a lo sobrenatural. La descripción del distribuidor sitúa esa transmisión en 1977 y anuncia que el intento de entretener termina llevando el mal hasta los hogares de quienes miran. Ese contraste define el punto de partida: el peligro aparece dentro de una rutina televisiva reconocible.

Entre los invitados están la doctora June Ross-Mitchell, interpretada por Laura Gordon, y Lilly, a quien da vida Ingrid Torelli. La joven llega como paciente de June y está vinculada a una experiencia traumática con un culto. No hace falta conocer los acontecimientos posteriores para entender el conflicto: el programa convierte un asunto delicado en una atracción para el público.

Un programa inventado, una época reconocible

Night Owls pertenece a la ficción de la película. La fecha de la emisión forma parte de su ambientación y no convierte la historia en el registro de un episodio real. Esta distinción ayuda a acercarse a la propuesta: el formato televisivo aporta familiaridad, mientras que el relato de terror construye sus propios personajes y riesgos.

También conviene separar el año en que transcurre la historia de su circulación actual. Que una recomendación vuelva a aparecer en redes no significa que la película sea un estreno de 2026. Para elegir dónde verla, la comprobación útil es el catálogo disponible en cada país y cuenta, porque una captura o una publicación antigua no garantiza disponibilidad local.

Por qué los Cairnes eligieron la televisión nocturna

En su entrevista con The AU Review, los directores relacionaron la idea con programas que habían visto durante su infancia en Australia. Mencionaron a Don Lane y también la influencia de figuras estadounidenses como Johnny Carson y Dick Cavett. No se trataba de reconstruir una biografía, sino de encontrar una forma de hablar, recibir invitados y mantener el espectáculo en marcha.

Los hermanos recordaron especialmente el interés de Lane por asuntos sobrenaturales. Esa combinación entre entretenimiento, convicción personal y conversación ante una audiencia ofrecía un terreno para su historia. Un presentador puede parecer seguro mientras intenta interpretar lo que ocurre; sus invitados pueden discutir algo que el público recibe al mismo tiempo como información y diversión.

La elección del entorno permite plantear una pregunta que va más allá de las apariciones: ¿qué sucede cuando seguir emitiendo se convierte en una obligación? En una ficción construida alrededor de un programa, las decisiones del conductor tienen destinatarios inmediatos. Su problema no queda encerrado en un cuarto: también se juega frente a quienes esperan que la noche continúe.

David Dastmalchian y la construcción de Jack Delroy

Dastmalchian contó al Festival Internacional de Cine de Chicago que el productor Roy Lee le envió el guion acompañado por una presentación visual con apariencia de una revista televisiva de los años setenta. Ese material ya imaginaba el mundo de Night Owls e incluía fotografías del actor. La propuesta ofrecía una identidad concreta antes de que comenzara el rodaje.

En esa misma conversación, el intérprete habló de la diferencia entre la superficie amable de un programa y la presión que existe detrás. Para él, los chistes, las entrevistas y la música pueden convivir con ansiedad profesional y exigencias personales. Esa mirada resulta útil para comprender a Jack como alguien que necesita sostener una imagen pública, además de conducir una emisión.

El personaje interesa por esa doble responsabilidad. Debe responder a los invitados y al público, pero también a su propia necesidad de que el programa funcione. Al acercarse a la película, vale la pena atender a esa tensión entre oficio y ambición: explica por qué una noche especial puede convertirse en una apuesta mucho mayor para quien ocupa el centro del estudio.

Cómo se recreó un estudio de 1977

Los Cairnes explicaron a Rue Morgue que filmaron en uno de los estudios del área de Docklands, en Melbourne. El edificio también alojaba producciones televisivas, de modo que su distribución y los espacios tras bambalinas podían servir al diseño de producción. La iluminación de época contribuía a que el lugar transmitiera la sensación de una emisión antigua.

En otra entrevista, con Concrete Playground, describieron un rodaje con tres cámaras funcionando a la vez y cámaras modernas cuya imagen se trató después. La reconstrucción dependía del conjunto: vestuario, luz, actuación y acabado visual. Para el espectador, conocer ese trabajo permite distinguir una estética televisiva deliberada de una supuesta grabación encontrada en un archivo real.

Mirar a cámara también forma parte del relato

En Rue Morgue, los directores contaron que Torelli podía mirar directamente a las cámaras, algo que en muchas otras películas se le pediría evitar. Ese permiso ayudaba a construir la relación entre Lilly, el público del estudio y quienes observan desde fuera. La cámara representa aquí un interlocutor: alguien situado al otro lado puede sentirse incluido en la escena.

Qué tener presente antes de verla

La premisa propone terror sobrenatural dentro de un espectáculo televisivo. Por eso es una opción para quien tiene interés en historias donde el medio de comunicación también organiza el miedo. No requiere conocer aquellos programas de los setenta: alcanza con reconocer la situación de un conductor que quiere retener la atención y unos invitados cuya presencia altera la rutina.

Para seguir explorando cómo cambia el terror según el formato, también podés leer nuestra guía de I Let You In y su propuesta para realidad virtual. Se trata de otro proyecto y otra forma de acercar una ficción a su público; el vínculo está en la importancia que adquiere la posición de quien mira.

Antes de buscar explicaciones del final, una buena manera de entrar en El último Late Night es conservar tres preguntas: qué necesita Jack, qué está dispuesto a convertir en espectáculo y qué lugar ocupa la audiencia. Son puntos de observación que surgen de su premisa y del trabajo descrito por sus autores. Permiten acercarse al programa sin que una guía adelante las respuestas de la película.

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