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domingo, 27 de septiembre de 2026

Monstruo: La historia de Lizzie Borden: una decepción exagerada que convierte un misterio real en una caricatura

Advertencia: este artículo contiene spoilers importantes de la serie.

Luego del éxito de la serie de Ed Gein, Netflix tenía entre manos uno de los casos más enigmáticos de la historia criminal de Estados Unidos. Sin embargo, Monstruo: La historia de Lizzie Borden termina siendo una mala serie: exagerada, poco creíble y tan empeñada en provocar que acaba destruyendo buena parte del misterio que pretendía explorar. Para quienes esperábamos una nueva entrega de Monstruo capaz de analizar la psicología de sus personajes y la sociedad de su tiempo, el resultado es una verdadera decepción.

La cuarta entrega de la antología creada por Ryan Murphy e Ian Brennan se estrenó el 17 de septiembre de 2026 y cuenta con ocho episodios. Ella Beatty interpreta a Lizzie Borden, acompañada por Vicky Krieps como Bridget Sullivan, Charlie Hunnam como Andrew Borden, Rebecca Hall como Abby Borden, Billie Lourd como Emma Borden y Sarah Paulson como Aileen Wuornos. Sobre el papel, el reparto y el caso parecían ofrecer todos los ingredientes para una gran producción. En la pantalla, en cambio, casi todo queda sepultado bajo el exceso.

Monstruo: La historia de Lizzie Borden: una decepción exagerada que convierte un misterio real en una caricatura

El caso real ya era suficientemente inquietante

El 4 de agosto de 1892, Andrew Borden y su segunda esposa, Abby, fueron encontrados asesinados a golpes de hacha dentro de su casa de Fall River, Massachusetts. Lizzie, hija de Andrew y de 32 años en aquel momento, fue detenida y juzgada por el doble homicidio, pero resultó absuelta en 1893. Nadie más fue acusado formalmente y la autoría de los crímenes nunca quedó establecida.

Esa incertidumbre es precisamente la razón por la que el caso continúa generando teorías más de 130 años después. Existían indicios que alimentaban las sospechas contra Lizzie, pero también graves debilidades en la investigación y en la acusación. Había conflictos familiares, tensiones económicas, testimonios discutidos y una escena del crimen que todavía permite interpretaciones diferentes.

La serie podía haber construido un thriller psicológico alrededor de esa ambigüedad. Podía hacer que el espectador dudara, cambiara de opinión y sintiera el encierro de aquella casa. En lugar de eso, decide dar respuestas rotundas a preguntas que la historia nunca pudo resolver y convierte una tragedia compleja en una fantasía sangrienta.

Una Lizzie sin misterio y unos personajes convertidos en caricaturas

Desde el comienzo, Monstruo: La historia de Lizzie Borden deja muy poco espacio para la duda. Su protagonista no es presentada como una posible sospechosa dentro de un caso lleno de zonas grises, sino como la responsable de los crímenes dentro de una historia de deseo, opresión y venganza. Esa elección podría funcionar en una obra de ficción declaradamente libre, pero resulta mucho más problemática cuando la producción utiliza nombres reales, recrea un proceso histórico y se promociona alrededor de un crimen sin resolver.

El mayor defecto no consiste simplemente en señalar a Lizzie. El problema es que la serie necesita deformar a casi todos los personajes para justificar su versión. Andrew y Abby aparecen como figuras grotescas y crueles; Bridget deja de ser una testigo fundamental para convertirse en amante y cómplice; Emma es transformada en una hermana hostil, y varias personas reales son colocadas en situaciones que nunca ocurrieron.

Los personajes rara vez parecen seres humanos condicionados por las normas, los prejuicios y las tensiones de finales del siglo XIX. Se comportan como piezas de una comedia negra deliberadamente estridente. Sus motivaciones están subrayadas una y otra vez, como si la serie desconfiara de cualquier emoción que no pudiera expresarse con gritos, sexo, fluidos corporales o golpes de hacha.

No son algunas licencias artísticas: es una historia casi nueva

Toda dramatización histórica necesita completar vacíos, condensar acontecimientos y formular hipótesis. Nadie debería exigirle a una serie que funcione como un documental. Pero existe una diferencia enorme entre interpretar lo desconocido y reemplazar los hechos por invenciones cada vez más extravagantes.

Estas son algunas de las alteraciones más importantes:

  • La culpabilidad de Lizzie: la serie la presenta como asesina, aunque fue absuelta y el doble crimen permanece oficialmente sin resolver.
  • El romance con Bridget Sullivan: no existe evidencia histórica que demuestre que Lizzie y la criada fueran amantes ni cómplices. La producción añade también una relación sexual entre Bridget y Andrew, además de un embarazo, sin respaldo documental.
  • El retrato de Andrew y Abby: sí hubo tensiones dentro de la familia Borden, pero no hay pruebas que sostengan buena parte del catálogo de crueldades extremas que la serie utiliza para convertirlos en villanos casi monstruosos.
  • El asesinato de Bertha Manchester: Bertha existió y fue asesinada con un hacha, pero el crimen ocurrió el 30 de mayo de 1893, casi diez meses después de los Borden y pocos días antes del juicio de Lizzie. No hay evidencia de que Lizzie o Bridget participaran. José Correa de Mello confesó el ataque y se declaró culpable de asesinato en segundo grado.
  • Nance O’Neil: Lizzie conoció a la actriz más de una década después del juicio. Por lo tanto, O’Neil no pudo prepararla para declarar, enseñarle a comportarse ante el jurado ni ayudarla con su defensa, como muestra la serie.
  • Emma Borden: no hay pruebas de que atacara a Lizzie o la acusara del doble asesinato. Por el contrario, permaneció a su lado durante el proceso. Las hermanas se distanciaron muchos años después.
  • Aileen Wuornos: la asesina serial nació casi tres décadas después de la muerte de Lizzie y no existe una conexión real entre ambas. Tampoco se alojó en la casa de los Borden: Wuornos estaba encarcelada desde 1991 y la vivienda comenzó a funcionar como alojamiento en 1996.

Por separado, alguna de estas decisiones podría aceptarse como recurso dramático. Juntas, cambian la cronología, las relaciones, las motivaciones, la identidad de los responsables e incluso la naturaleza del caso. Ya no estamos ante una interpretación arriesgada de la historia de Lizzie Borden, sino ante una historia nueva que utiliza su nombre como reclamo.

Sensacionalismo, vulgaridad y una violencia que pierde impacto

La serie también confunde intensidad con acumulación. La sangre, el sexo, los vómitos, la humillación y las imágenes grotescas aparecen con tanta frecuencia que dejan de producir inquietud. En vez de aumentar la tensión, la repetición termina acercando algunas escenas a una parodia involuntaria.

El asesinato de Andrew es un buen ejemplo. La evidencia histórica sugiere un ataque rápido mientras estaba recostado en un sofá y sin señales de una larga lucha dentro de la habitación. La serie lo transforma en una extensa secuencia de persecución y resistencia física, con el hacha clavada en su cuerpo y una sucesión de golpes diseñada para llevar el espectáculo al límite. Puede ser impactante durante unos segundos, pero sacrifica credibilidad y termina pareciendo una escena de terror caricaturesco.

La comedia oscura, los anacronismos musicales y la estilización extrema no son defectos por sí mismos. El problema es que aquí parecen pertenecer a producciones distintas. Por momentos vemos un drama de época; luego, una sátira; después, una fantasía feminista de venganza, y finalmente una especie de universo compartido de asesinas famosas. La serie cambia tanto de tono que nunca construye una identidad sólida.

Aileen Wuornos: el desvío que termina de romper la historia

La aparición de Aileen Wuornos, interpretada por Sarah Paulson, resume buena parte de los problemas de esta temporada. La intención parece ser comparar la manera en que la sociedad y la Justicia juzgan a distintas mujeres violentas, separadas por su época y su clase social. Esa podría haber sido una idea interesante para un ensayo o incluso para una serie diferente.

Aquí, sin embargo, la conexión se fuerza hasta el absurdo. La visita ficticia de Wuornos a la casa de los Borden, su supuesta fascinación por Lizzie y el encuentro simbólico del desenlace no enriquecen el caso central. Lo interrumpen. Cuando la temporada debería cerrar sus preguntas sobre Lizzie, deriva hacia una fantasía que parece más interesada en llamar la atención que en completar el relato.

El resultado no es profundo ni provocador, sino desconcertante. En lugar de relacionar con sutileza la misoginia, la clase social, la violencia y la construcción mediática de una “mujer monstruosa”, el guion reúne a sus figuras como si fueran personajes de una franquicia. El true crime se convierte en un extraño espectáculo de cruces imposibles.

Un reparto desaprovechado en una producción visualmente atractiva

No todo está mal. La ambientación, el vestuario y la fotografía ofrecen imágenes poderosas, y el reparto posee talento suficiente para sostener escenas mejores. Ella Beatty se entrega por completo a una Lizzie imprevisible, mientras Rebecca Hall y Vicky Krieps consiguen algunos momentos efectivos pese a la escritura excesiva de sus personajes.

Pero una buena factura visual y un elenco prestigioso no solucionan un guion sin medida. Cuanto más intentan los intérpretes aportar matices, más los empuja la narración hacia la caricatura. Incluso Sarah Paulson, una actriz capaz de dominar personajes extremos, queda atrapada en una trama que parece llegada desde otra serie.

Una gran oportunidad desperdiciada para los seguidores de Monstruo

La historia de Lizzie Borden no necesitaba que Netflix la hiciera más escandalosa. Ya contenía un crimen brutal, una familia llena de tensiones, una investigación cuestionada, un juicio convertido en espectáculo mediático y una mujer absuelta que quedó condenada para siempre por la opinión pública. También permitía analizar el peso del género, la riqueza, la religión y la reputación en la sociedad de 1892.

Esa era la serie que muchos seguidores de Monstruo esperábamos: inquietante, ambigua y psicológicamente compleja. En su lugar recibimos una versión que grita cuando debería sugerir, explica cuando debería sembrar dudas e inventa cuando los hechos reales ya eran fascinantes.

Veredicto: mucho ruido, poca credibilidad

Monstruo: La historia de Lizzie Borden puede entretener a quienes busquen una comedia negra sangrienta y no tengan interés en la historia real. Como aproximación al caso Borden, sin embargo, es una decepción. Su exceso de licencias artísticas elimina la ambigüedad, el sensacionalismo reemplaza a la tensión y los personajes se vuelven tan extremos que cuesta creer en ellos.

No es una mala serie porque se aparte de los hechos de vez en cuando. Es una mala serie porque sus invenciones no construyen una verdad dramática más poderosa: apenas producen más ruido, más morbo y menos profundidad. Después de cuatro entregas, Monstruo parece haber confundido provocación con complejidad. Y para quienes esperábamos mucho más de esta temporada, esa es la mayor lástima.

lunes, 13 de octubre de 2025

Netflix confirma la cuarta temporada de Monster: la historia real de Lizzie Borden estremecerá al público

Después de sumergirnos en las mentes de Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez y Ed Gein, Netflix prepara una nueva entrega de su exitosa antología Monstruos. Pero esta vez, por primera vez en la serie, la protagonista será una mujer. Y no una cualquiera: Lizzie Borden, la joven acusada de asesinar a su padre y a su madrastra con un hacha en uno de los crímenes más espeluznantes del siglo XIX.

La noticia fue confirmada por el propio gigante del streaming, que anunció el inicio del rodaje para 2025. La cuarta temporada llevará el título “Monstruo: La historia de Lizzie Borden” y promete ser una de las más inquietantes y comentadas de la saga.

Netflix confirma la cuarta temporada de Monster: la historia real de Lizzie Borden estremecerá al público

¿Quién fue Lizzie Borden? El crimen que dividió a todo un país

Era una calurosa mañana de agosto de 1892 cuando la tranquilidad del pequeño pueblo de Fall River, Massachusetts, se rompió para siempre. En la casa número 92 de Second Street, el cuerpo de Andrew Borden, un empresario local, fue hallado brutalmente mutilado. Minutos después, la policía encontró a su esposa Abby en una habitación del piso superior, asesinada de igual manera.

Dentro de la vivienda solo había tres personas: Andrew, Abby… y su hija, Lizzie.

Lizzie Andrew Borden nació en 1860, en una familia rica, pero marcada por la infelicidad. Su madre murió cuando era pequeña, y su padre se volvió a casar con Abby Gray, a quien Lizzie jamás aceptó. Las tensiones en la casa eran un secreto a voces: Andrew era un hombre severo y tacaño, negado a los lujos pese a su fortuna, lo que alimentaba el resentimiento de sus hijas.

El 4 de agosto de 1892, a las 11:10 de la mañana, la sirvienta Bridget Sullivan escuchó un grito. Lizzie bajaba las escaleras, pálida y temblorosa. “¡Vengan rápido! ¡Papá está muerto!”, dijo. Lo que siguió fue una investigación que sacudiría la moral de toda una nación.

El juicio del siglo: ¿ángel de la muerte o víctima de prejuicios?

El caso Borden se convirtió rápidamente en una obsesión para la prensa. Las pruebas eran escasas, pero las sospechas, abundantes. Lizzie había intentado comprar veneno días antes del crimen, y un testigo la vio quemando un vestido en la cocina poco después de los asesinatos. Ella decía que estaba manchado de pintura, pero muchos pensaban que trataba de ocultar evidencia.

En junio de 1893, comenzó el juicio. Los periódicos la apodaron “El ángel de la muerte”. En el estrado, Lizzie no derramó una sola lágrima. La fiscalía alegó que la matanza fue impulsada por el odio y la codicia; la defensa, en cambio, jugó la carta del prejuicio: una dama victoriana no podía ser capaz de semejante brutalidad.

El jurado —formado íntegramente por hombres— deliberó solo hora y media antes de declararla inocente. Lizzie fue absuelta. Pero el veredicto no borró la duda. Ni el miedo.

El misterio nunca murió

Aunque la justicia la liberó, el pueblo nunca lo hizo. Lizzie fue rechazada por la alta sociedad de Fall River. Los niños la señalaban en la calle; los adultos murmuraban su nombre como si pronunciaban una maldición. Se mudó junto a su hermana Emma a una elegante mansión llamada Maplecroft, pero la soledad la acompañó hasta el final. Murió en 1927, sin haberse casado, y fue enterrada junto a las mismas personas que muchos creían que había asesinado.

Con el tiempo, su historia se convirtió en mito. Surgió incluso una rima infantil que aún hoy se repite:

“Lizzie Borden took an axe,

And gave her mother forty whacks.

When she saw what she had done,

She gave her father forty-one.”

El poema exageraba, pero el eco del crimen sigue vivo. La casa Borden aún existe, transformada en museo y hotel. Los visitantes aseguran escuchar pasos en la escalera, voces apagadas y puertas que se abren solas. ¿Un truco de la imaginación o la culpa de Lizzie, atrapada para siempre entre esas paredes?

Qué esperar de “Monstruo: La historia de Lizzie Borden”

Ryan Murphy e Ian Brennan, creadores de la franquicia, han prometido una temporada más introspectiva, centrada no solo en el crimen sino en el contexto moral y social que lo rodeó. A diferencia de las anteriores entregas —protagonizadas por asesinos confesos—, esta historia abordará la ambigüedad y el poder del juicio público, algo que resuena fuertemente en la era de las redes sociales.

La serie mostrará a Lizzie como un personaje complejo: una mujer que podría ser tanto víctima de un sistema patriarcal como culpable de un acto inimaginable.

Reparto confirmado: una nueva generación de talentos

Netflix ha anunciado un elenco de lujo para esta cuarta entrega.

Ella Beatty, hija de Warren Beatty y Annette Bening, interpretará a Lizzie Borden en su primer papel protagónico.

Rebecca Hall dará vida a Abby Borden, la madrastra asesinada.

Vicky Krieps, recordada por Phantom Thread, será Bridget Sullivan, la sirvienta que escuchó los gritos aquel fatídico día.

Billie Lourd encarnará a Emma Borden, la hermana mayor.

Y Jessica Barden interpretará a Nance O’Neill, una actriz de teatro que tuvo una relación muy cercana con Lizzie en sus últimos años.

Fecha de estreno y expectativas

El rodaje de “Monstruo: La historia de Lizzie Borden” está previsto para comenzar en 2025. Aunque Netflix aún no ha confirmado la fecha exacta de estreno, se estima que la temporada llegue a la plataforma en 2026.

Si algo ha demostrado Monstruos, es que Ryan Murphy sabe convertir los casos criminales en fenómenos culturales. Y con Lizzie Borden, una historia donde la inocencia y la maldad se confunden, todo apunta a que esta será su temporada más polémica y debatida.

Un monstruo diferente

Luego del éxito 2025 de Monster: Ed Gein, se prepara un nuevo lanzamiento que promete darle un nuevo giro fresco a la serie por ser algo diferente, primero porque tenemos como protagonista a una mujer y segundo porque Lizzie Borden no fue condenada, pero nunca fue perdonada. Quizás por eso su historia encaje tan bien en esta saga. Porque a veces, los verdaderos monstruos no son los que matan… sino los que eligen creer.

Netflix confirma la cuarta temporada de Monster: la historia real de Lizzie Borden estremecerá al público

domingo, 12 de octubre de 2025

“Monster: La historia de Ed Gein” en Netflix — Qué es verdad y qué es ficción en la serie más perturbadora del año

Cuando Netflix anunció Monster: The Ed Gein Story, muchos esperaban otra temporada escalofriante de la antología creada por Ryan Murphy e Ian Brennan. Tras el éxito de las entregas sobre Jeffrey Dahmer y los hermanos Menéndez, esta nueva historia prometía adentrarse en una mente aún más inquietante: la de Ed Gein, el “Carnicero de Plainfield”.

Pero a medida que los espectadores terminaban los episodios, una pregunta empezó a repetirse en redes sociales: ¿qué parte de la serie está basada en hechos reales y qué tanto es pura ficción de Hollywood?

La respuesta no es sencilla. Aunque Monster se inspira en eventos verídicos, los historiadores coinciden en que gran parte de lo mostrado nunca ocurrió. Y eso incluye algunos de los momentos más impactantes de la serie.

“Monster: La historia de Ed Gein” en Netflix

Un retrato entre la realidad y la ficción

Ryan Murphy e Ian Brennan declararon que su intención con Monster: The Ed Gein Story no era hacer un documental, sino una reflexión sobre la naturaleza del mal y el trauma humano. El productor Max Winkler explicó que su objetivo fue “mostrar cómo una persona aparentemente común puede convertirse en algo monstruoso”, y no solo recrear crímenes macabros.

Sin embargo, esa libertad creativa llevó a introducir elementos dramáticos que nunca existieron. El famoso historiador criminal Harold Schechter, autor de varias biografías sobre asesinos célebres, fue uno de los primeros en señalar las imprecisiones. En una entrevista con The New York Post, Schechter aseguró que la serie está “llena de cosas inventadas” y lamentó que el público las tome como verdaderas.

A él se sumó la historiadora Catherine Caruso, de Biography.com, quien también desmontó varios de los eventos ficticios que la serie presenta como hechos reales.

Los mayores errores de “Monster: The Ed Gein Story”

1. El supuesto romance con Adeline Watkins

En la serie, Ed Gein (interpretado por Charlie Hunnam) vive una historia de amor con una joven llamada Adeline, interpretada por Suzanna Son. Su relación muestra al asesino intentando conectar emocionalmente mientras lucha contra las voces de su madre.

La realidad es mucho menos romántica. Adeline Watkins sí existió, pero no fue su pareja. En verdad, solo salieron a patinar una vez. Ella misma lo admitió después de que los medios la presentaran falsamente como “la novia de Ed Gein”.

2. La conexión con Ted Bundy

Uno de los momentos más sorprendentes del final de la serie muestra a Gein estableciendo una especie de “vínculo mental” con Ted Bundy, sugiriendo que incluso ayudó a las autoridades a capturarlo.

Esto jamás ocurrió. Gein fue arrestado en 1957, mientras que Bundy nació en 1946 y fue detenido recién en 1978. No hubo ninguna relación ni correspondencia entre ambos.

Los creadores explicaron que esta escena fue un recurso simbólico: una manera de conectar la “herencia del mal” entre diferentes épocas de asesinos estadounidenses, no un hecho histórico.

3. La etiqueta de “asesino serial”

En la serie se lo describe constantemente como un “serial killer”, pero eso tampoco es correcto.

Ed Gein solo confesó dos asesinatos comprobados: los de Mary Hogan (1954) y Bernice Worden (1957). No hay pruebas de que haya matado a más personas. Su fama de asesino serial proviene más de la brutalidad y la naturaleza ritual de sus actos que del número de víctimas.

4. El uso de una sierra eléctrica

Las escenas en las que Gein utiliza una sierra para desmembrar cuerpos son totalmente inventadas.

La investigación real nunca encontró una herramienta así vinculada a sus crímenes. La policía halló cuchillos, huesos humanos, pieles curtidas y muebles hechos con restos, pero ninguna evidencia del uso de una sierra eléctrica.

5. La idea del “necrofílico”

La serie sugiere que Gein mantenía relaciones sexuales con cadáveres. Sin embargo, en los interrogatorios oficiales, Gein negó haber cometido actos sexuales con los cuerpos.

Según sus propias palabras: “olían demasiado mal”. Aunque el nivel de perturbación psicológica era extremo, no hay pruebas de necrofilia.

6. La exhumación del cuerpo de su madre

Uno de los momentos más dramáticos de la serie muestra a Gein desenterrando a su madre para conservarla junto a él. Aunque es una imagen potente y simbólica, los registros oficiales indican que nunca exhumó su cuerpo. Sí profanó otras tumbas, pero Augusta Gein fue enterrada y nunca movida de su lugar.

7. Las prácticas de asfixia autoerótica

Otra invención de la serie. Schechter confirma que no hay evidencia de que Ed Gein practicara asfixia erótica ni ningún comportamiento similar. Este detalle se añadió para subrayar la relación entre represión sexual y violencia, pero no tiene base histórica.

Lo que sí es verdad

A pesar de las licencias creativas, la serie acierta en varios aspectos fundamentales de la historia de Gein:

  • Vivía en una granja aislada en Plainfield, Wisconsin.
  • Tenía una relación enfermiza con su madre, Augusta, quien le inculcó una visión puritana y misógina del mundo.
  • Desenterraba cuerpos del cementerio local para fabricar objetos domésticos con piel y huesos humanos.
  • Fue arrestado en 1957, tras encontrarse el cuerpo de Bernice Worden colgado en su granero.
  • Fue declarado mentalmente incompetente y pasó el resto de su vida en hospitales psiquiátricos, donde murió en 1984.

Estos elementos son la base real que inspiró películas icónicas como Psicosis, El silencio de los inocentes y La masacre de Texas.

La visión de los creadores

Ian Brennan explicó que no querían hacer un retrato “heroico ni justificativo”, sino “mostrar la banalidad del mal”. Según sus palabras:

“Ted Bundy es simplemente un monstruo. Ed Gein, en cambio, es un espejo de cómo la soledad, el trauma y la represión pueden deformar a alguien hasta convertirlo en algo inhumano.”

Esa es la clave de la serie: humanizar al monstruo sin absolverlo. Mostrar cómo la combinación de una madre autoritaria, un entorno rural opresivo y una mente frágil crearon una tormenta perfecta.

Max Winkler, director y productor ejecutivo, contó que el rodaje fue tan intenso que incluso Charlie Hunnam perdió peso y tuvo que tomar descansos para proteger su salud mental. “Era difícil no llevarte a Gein a casa después del rodaje”, dijo.

Entre la empatía y el horror

Uno de los logros de la serie es que, más allá de las exageraciones, logra plantear preguntas inquietantes:

¿Nace alguien malvado o se convierte en ello? ¿Podemos entender al monstruo sin justificarlo?

Al mostrar a Ed Gein como un producto de su entorno, la serie obliga al espectador a mirar más allá del horror y pensar en los orígenes del mal. Sin embargo, esa mirada introspectiva corre el riesgo de diluir los hechos reales detrás de la historia.

Los expertos insisten en que es importante separar la ficción del registro histórico. El verdadero Ed Gein no fue un asesino carismático ni un genio del mal, sino un hombre trastornado que vivió en condiciones deplorables y cometió actos terribles impulsado por una mente enferma.

Conclusión: una historia real deformada por la ficción

Monster: The Ed Gein Story es una serie visualmente poderosa, bien actuada y emocionalmente densa. Pero si el espectador la toma como una reconstrucción fiel de los hechos, caerá en un error.

La producción de Netflix mezcla verdad y ficción para construir una narrativa más atractiva, pero se aleja considerablemente de los documentos históricos.

En la realidad, Gein no fue un asesino serial prolífico, ni tuvo una gran historia de amor, ni conoció a Ted Bundy. Su maldad fue más silenciosa, más banal… y quizá por eso mismo, más perturbadora.

La verdadera historia de Ed Gein no necesita adornos para estremecer: basta con recordar que detrás del mito hay un hombre real, con una mente rota y una tragedia que marcó para siempre la cultura del horror.

domingo, 5 de octubre de 2025

“Monster: La historia de Ed Gein”: la serie más perturbadora de Netflix inspirada en el verdadero asesino de “La masacre de Texas”

Netflix lo volvió a hacer. Tras el éxito mundial de Dahmer: Monstruo, la historia de Jeffrey Dahmer y Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez, Ryan Murphy e Ian Brennan regresan con una tercera entrega que promete superar todo lo visto hasta ahora.

La nueva temporada, Monstruos: La historia de Ed Gein, ya está generando escalofríos entre los suscriptores de la plataforma. Pero más allá del impacto visual, la pregunta que todos se hacen es: ¿quién fue realmente Ed Gein, el hombre que inspiró algunas de las películas de terror más emblemáticas de la historia?

Monster: La historia de Ed Gein

El carnicero de Plainfield: la oscura verdad detrás del mito

Edward Theodore Gein nació en 1906, en el pequeño pueblo de Plainfield, Wisconsin. Lo que parecía una vida rural tranquila pronto se transformó en una historia de horror psicológico.

Su madre, Augusta Gein, profundamente religiosa y moralista, le inculcó una visión distorsionada del mundo: las mujeres eran “pecadoras” y el sexo, una abominación. Su relación con ella fue tan intensa que, tras su muerte, Ed perdió por completo el contacto con la realidad.

En 1957, la desaparición de Bernice Worden, dueña de una ferretería local, reveló al mundo los secretos más macabros de la granja de los Gein. Cuando la policía irrumpió en la vivienda, se topó con una escena que parecía salida de una pesadilla: el cuerpo decapitado de Worden colgando del techo y restos humanos convertidos en muebles, utensilios y hasta máscaras hechas de piel.

La investigación reveló que Gein había desenterrado cadáveres de cementerios cercanos, utilizando partes de los cuerpos para “reconstruir” la figura de su madre. Un intento desesperado —y escalofriante— de mantenerla viva.

Entre la locura y el crimen

Ed Gein confesó los asesinatos de Bernice Worden y Mary Hogan, una camarera desaparecida tres años antes. Ambos crímenes compartían un patrón inquietante: las víctimas se parecían físicamente a su madre.

Declarado mentalmente incompetente, fue internado en un hospital psiquiátrico donde pasó el resto de su vida. En 1968 fue finalmente juzgado y declarado culpable, aunque considerado legalmente demente. Murió en 1984, a los 77 años, a causa de un cáncer de pulmón.

Pero su historia no terminó ahí. Su nombre se transformó en sinónimo del mal más profundo y humano, y su legado contaminó para siempre la cultura popular.

Del crimen a la cultura pop: el monstruo que inspiró al cine de terror

La figura de Ed Gein ha trascendido generaciones. Su perturbadora vida inspiró a algunos de los villanos más icónicos del cine:

  • Norman Bates, el asesino de Psicosis (1960), creado por Alfred Hitchcock.
  • Leatherface, el brutal enmascarado de La masacre de Texas (1974).
  • Buffalo Bill, el psicópata de El silencio de los inocentes (1991).

El director Tobe Hooper, responsable de La masacre de Texas, admitió haberse inspirado en las atrocidades cometidas por Gein. Aquella imagen de un hombre enmascarado con piel humana y obsesionado con la figura materna tenía su raíz en los horrores reales de Wisconsin.

A partir de entonces, el nombre de Gein quedó asociado al nacimiento del terror moderno.

“Monster: La historia de Ed Gein”: lo que Netflix no muestra… aún

La nueva serie de Netflix, Monster: The Ed Gein Story, estrenada el 3 de octubre, busca ir más allá de los hechos. A lo largo de ocho episodios, Charlie Hunnam encarna a un Gein introspectivo, solitario y progresivamente dominado por su psicosis.

La producción no solo retrata los crímenes, sino que intenta entender el contexto emocional, social y religioso que dio forma a uno de los asesinos más extraños de la historia estadounidense.

Según la sinopsis oficial de Netflix:

“En los campos del Wisconsin rural de los años 50, un hombre amable y aparentemente inofensivo ocultaba una ‘casa de los horrores’ tan espeluznante que redefiniría la pesadilla americana. Impulsado por la soledad y la obsesión con su madre, los crímenes de Ed Gein encendieron una fascinación cultural por los monstruos psicológicamente desviados.”

Ryan Murphy y su nueva obsesión por los monstruos reales

Murphy y Brennan consolidan con esta serie una fórmula que ha cautivado a millones de espectadores: convertir los casos más oscuros de la historia reciente en retratos humanos, complejos y profundamente inquietantes.

En Dahmer, mostraron cómo la indiferencia social permitió a un asesino actuar impunemente durante años. En Menendez, exploraron el trauma y el abuso familiar detrás del crimen.

Y ahora, con Ed Gein, se adentran en la raíz misma del horror: la distorsión de la inocencia, el aislamiento y la obsesión materna.

Las otras dos temporadas que no puedes dejar de ver

1. Monstruos: La historia de Jeffrey Dahmer (2022)

Durante más de una década, Dahmer asesinó a 17 jóvenes. La serie, protagonizada por Evan Peters, ofrece una mirada perturbadora a su mente y a la negligencia policial que lo dejó actuar por tanto tiempo.

2. Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez (2024)

Los hermanos Menéndez asesinaron a sus padres en 1989. ¿Lo hicieron por dinero o como respuesta a años de abuso? La producción expone las dos caras de un crimen que aún divide a la opinión pública.

El legado eterno de Ed Gein

Ed Gein no solo cambió la historia criminal de Estados Unidos; cambió el lenguaje del terror. Su caso marcó el inicio de una nueva era en el cine, donde el horror no provenía de lo sobrenatural, sino de lo profundamente humano.

Su figura, más allá del morbo, plantea una reflexión: ¿dónde termina la enfermedad mental y comienza el mal?

Netflix no ofrece respuestas fáciles, pero sí una experiencia que deja huella.

Monstruos: La historia de Ed Gein no es solo una serie; es un espejo de nuestras propias sombras, una exploración del lado oscuro de la mente que sigue fascinando —y aterrando— a las audiencias del siglo XXI.